Aquel apéndice de mi jefe cobraba vida y no se cortaba un pelo: te soltaba una fresca y te ponía la jeta con el descaro y chulería que sólo tienen los ganadores. He visto correr a muchos tipos capaces de pasar cien veces a 300 km/h entre dos conos de autoescuela, pero incapaces de aguantarle a un rival al final de una recta. Un Campeón del Mundo de Fórmula 1 es generalmente un compendio de cosas: una gran formación técnica, los reflejos de un lince, el estado de forma de Robocop, el hambre de victorias de un tiranosaurus rex y… una pizca de mala leche. Desde ese día comprendí que al menos de esto último no le falta. El problema es dosificarla debidamente, y parece que ha aprendido a hacerlo sobre la pista.
No sé si Jaime tiene de todo lo anterior, pero si sé que tiene y mucho de algunas de esas cosas; es como uno de esos perros que hasta que no se llevan la tajá, no sueltan el bocado. Si fuera un cazador, mataría osos a puñaladas, nada de esas pijadas italianas con mira telescópica, eso es para mojigatos; Jaime esperaría su momento para saltar sobre la espalda del plantígrado y le diría con sus ojos azules y mirada inexpresiva: "Oso, o te rindes, o te quito de pagar letras pa siempre", ante lo que el oso se tomaría seguramente una serie de molestias para cambiar su status de rodeado, pero de entrada la sorpresa se la habría llevado fijo.
Jaime debe ducharse con Red Bull, no para darle alas, sino para que no se le sequen las que lleva pegadas de fábrica; no parece un piloto, sino un dibujo animado. En los pasillos de casa, entraba al baño antes que su padre para cerrarle la puerta en su cara para mear antes que él, no le gustaría perder ni peso puesto a dieta. Es un depredador que con suerte o sin ella va a lo suyo, y lo suyo en pasar por encima de los demás. Se leerá el reglamento, hablará con asesores, viejos pilotos, verá carreras de sus competidores, lo que sea para meterles candela a los que se hayan clasificado por delante de él. No suele cometer errores, es trabajador y uno de los tipos más competitivos que he visto subido a un coche. Si corriese no me gustaría tenerle con un coche con las mismas prestaciones, me daría el día en cada carrera, y lo que es peor, en el podium me diría: "Zapico, pareces un mafioso cabreado y perdedor." Y yo querría matarlo como aquel día, pero jamás le daría alcance, me temo.
PD: La escena del traje rayado fue en la entrega de premios del Open Movistar by Nissan durante la que Fernando Alonso recibió su galardón. Seguro que Jaime ya le estudiaba allí.

Piloto de F1













