Jaime es un piloto por el que siento un especial cariño y admiración. Por multitud de razones, como su talante, su visión, una enorme profesionalidad y capacidad de aprendizaje, así como por la gran calidad humana que tiene.
Es un piloto que, pese a su juventud y responsabilidades, no se ha amedrentado y ha afrontado con éxito cada uno de los retos que se ha propuesto. Y lo ha logrado gracias a una madurez personal y de pilotaje inusuales. Es paciente y reflexivo, pero a la vez tiene el hambre y la habilidad necesarias para llegar a lo más alto.
Aunque la gente pueda creer lo contrario, desde que Jaime empezó correr, no lo ha tenido nada fácil. Siendo su padre quien es, Jaime siempre ha estado en el punto de mira y ha tenido que demostrar, si cabe, más que el resto para ganarse el respeto de la gente y demostrar que se merecía tanto o más que nadie el puesto. Y sin desfallecer. Sabía lo que quería y dónde quería llegar, y lo ha logrado por meritos propios.
Ese esfuerzo permanente y su capacidad de superación son los que le han permitido, no sólo llegar a la Fórmula 1 sino mantenerse. Jaime tiene un gran potencial y, desde que llegó, no ha dejado de evolucionar. Sin duda no ha tocado techo todavía y desconozco hasta dónde llegará, pero estoy seguro que el mejor Jaime está por llegar.
Dentro de mi humildad y la del equipo Epsilon -que siempre será su casa-, estoy muy orgulloso de haber aportado un pequeño grano de arena a esta progresión.
Piloto de F1














