Pues bien, Jaime Alguersuari, como cualquier otro piloto, se ha sometido sin saberlo a miles de pruebas como ésta a lo largo de su trayectoria. Una de ellas, la de quien escribe estas líneas, llegó tarde; Jaime ya tenía un buen palmarés en karting y resultados muy esperanzadores en la Fórmula Renault 1.600. Confieso que no le presté antes la atención que merecía por puro prejuicio: su apellido me hacía pensar que, para ese chaval de mirada profunda, correr era más un empeño paterno que una vocación profesional. ¡Cuánto me equivocaba!
Sin descender a la anécdota, diré que Jaime me convenció aquel día de 2006 en Barcelona: era un piloto 'formulable', lo mejor que se puede ser con 16 añitos y un volante entre las manos. Los porqués, incontestables: rápido y correoso en la pista, tozudo con los ingenieros, conciliador con los mecánicos, simpático con el patrocinador y hasta diestro con el periodista. Irradiaba la madurez de un buen piloto de GP2 cuando él no había saltado aún a los dos litros.
Hoy en día, además de aquella precocidad crónica, está claro que Jaime tiene el don de progresar rápido, y con pocos fallos. Los errores que comete, los reconoce, y rara vez tropieza dos veces con la misma piedra. Seguramente, este carácter fue el que dio a Red Bull ese último 'empujón' de confianza para fichar a Jaime como piloto oficial de Toro Rosso. La apuesta obtuvo recompensa: el benjamín de la F1 es ahora un valor tan seguro como siempre.
Tampoco podemos obviar que el entorno de Alguersuari es envidiable y envidiado: desde su carga genética hasta los últimos detalles de su 'approach' a un Gran Premio llevan el sello de una familia que vive literalmente en el mundo del motor. Pero esto, aunque indiscutible, no es más que una buena influencia. Lo que realmente tiene mérito es haber lidiado con las mejores ilusiones familiares sin que éstas le 'fagociten', algo muy habitual en la formación de jóvenes talentos deportivos. No es el caso de Jaime, que ha demostrado tener un carácter único e intransferible sin confundirlo con la soberbia.
En definitiva, a sus 20 años, Jaime Alguersuari es un piloto de categoría mundial. Corre en Fórmula 1, y no es por casualidad: ni el dinero, ni la suerte, ni los padrinos sirven a nadie para correr temporada y media en la categoría reina, y mucho menos en la estructura de Red Bull. Para algunos será una obviedad, pero conviene repetirlo porque, a veces, parece que tener tres españoles en las parrillas obliga a repartir entre ellos la admiración que en realidad merecen individualmente.
Alguersuari está en la Fórmula 1 para quedarse, porque tiene cualidades que se lo permitirán. Tiene un potencial enorme, tiene todo lo que hay que tener. Desgraciadamente, eso no le asegura un puesto en el firmamento de la F1, porque el éxito en las carreras es algo así como los accidentes: un cúmulo de circunstancias. Por no ir más lejos, del brillante piloto argentino Carlos Alberto Reutemann se decía que fue el hombre justo, en el lugar justo… pero en el momento equivocado. Lo bueno es que, hasta ahora, Jaime ha controlado a la perfección incluso la 'tempística' de su trayectoria, así que manos al volante ¡y mucho gas!
Cristóbal Rosaleny es una de las jóvenes perlas del periodismo especializado en motor de nuestro país. Junto a su padre fundó la que hoy es la web de referencia sobre F-1 de habla hispana, Thef1.com, que codirige desde el año 1999. Paralelamente, ha sido redactor de la revista Car and Driver y colabora habitualmente con la Cadena COPE y Radio Marca.













